La vida como esfuerzo y servicio desinteresados


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PRESENTACIÓN

 

Cuando se pronuncia la palabra crisis es para referirse a la económica, hoy tan en boga, o para nombrar la medioambiental y energética. De sus expresiones fundamentales, la crisis de la civilización, ya prácticamente sustituida por la barbarie, la crisis de la esencia concreta humana, en trance de desaparición, o la crisis de la libertad, descomunal bajo el régimen de dictadura constitucional y parlamentaria en ejercicio, nadie se ocupa.


      Dado que únicamente alarman aquéllas, que afectan a lo material y corporal, sin que la pavorosa crisis del ser humano en tanto que mente y espíritu suscite casi ninguna inquietud me rendiré a la evidencia del formidable predicamento que sigue teniendo “el partido del estómago” y, sea, comenzaré por describir lo que está pasando, hasta donde es posible comprenderlo, en el ámbito de la economía y la naturaleza.

 

      En primer lugar conviene advertir, para evitar interpretaciones apocalípticas anunciadoras, cómo no, que “el Tiempo está cerca”, que el sistema estatal-capitalista, desde que fue instaurado con las revoluciones liberales, suele estar en crisis de manera casi permanente. Se podría decir que ésa es su modo de existencia y una de las causas de su singular fortaleza estratégica,  pues en cada una de ellas (no sólo en las económicas sino, más aún en las crisis políticas, bélicas, ideológicas y otras) se regenera y reconstituye a un nivel superior. Esto significa que ninguna perturbación económica por sí misma nos regalará el “derrumbe” del capitalismo, sino formas sucesivas de éste cada vez más robustas, aunque al mismo tiempo más degeneradas. La crisis de 1929, de la que tantas fáciles e ignaras interpretaciones circulan por ahí, produjo, con la II guerra mundial y la derrota del nazi-fascismo, el imperialismo norteamericano, como expresión superior de dominio del Estado y de la clase empresarial, en vez de la revolución proletaria mundial pronosticada por no pocos ilusos y extraviados. En contrapartida, la guerra civil aquí, de 1936-39, con lo que tuvo de verdadera revolución popular, apenas debe nada a dicha conmoción económica, pues resultó de cuestiones inmateriales en litigio, la defensa de la libertad, el afán de realizar la justicia, la persistencia de una determinada cosmovisión y cultura propia en las clases modestas, el rechazo de la expansión estatal, la fobia al trabajo asalariado y así sucesivamente. Precio: 3 euros.

 


 

INDICE DE TEMAS

 

1.- La crisis económica.

 

2.- La crisis medioambiental y de agotamiento de los recursos naturales.

 

3.- La crisis económica, energética y medioambiental no puede cambiar  espontáneamente el orden vigente.

 

4.- Las crisis fundamentales hoy.

 

5.- El ecologismo y la destrucción de la esencia concreta humana.

 

6.- De paleo-utopías, neo-utopías y no-utopías.

 

7.- Conclusión.

 

Notas.

 


BORRACHERAS NO: PASADO, PRESENTE Y FUTURO DEL RECHAZO A LA ALCOHOLIZACION

 

"... Debemos saber vivir con un mínimo de cosas, para desarrollarnos como seres con un máximo de cualidades y capacidades, espirituales y materiales, de tal modo que, desde la autonomía y fortaleza así construidas, podamos librar una lucha de aniquilación contra el actual orden político y económico. En esa renuncia, en ese abstenerse y decir no, está la esencia de la libertad verdadera en los tiempos que corren..."

 

PRESENTACIÓN:

Desde hace muchos años he venido observando, con una mezcla de impotencia y desesperación, el ascenso en flecha del alcoholismo. Incluso he publicado algunos artículos desaprobando este hecho, los cuales fueron acogidos, dejando a un lado escasas excepciones, con total indiferencia, cuando no con latente irritación y hostilidad, por quienes se supone que más deberían hacer por resistir y reprobar el vicio de la bebida, aquellos que, verbalmente al menos, se declaran a favor de una transformación radical del orden social.

 

Ello me hizo comprender que el progresismo y el izquierdismo no están en contra del alcoholismo porque no están a favor de la revolución, de la recuperación de la esencia concreta humana no de la construcción de un estilo de vida moral y civilizada. So sórdida política de mantener el orden actual, pero perfeccionándolo más y más, les lleva a promover de facto el consumo de drogas y a fomentar de muchas maneras, directas e indirectas, el abuso de la bebida.
           
Dichas corrientes políticas son, por decirlo claramente, junto con el franquismo, la causa principal inmediata de la alcoholización, y drogadicción de las masas. Entre las tres nos han convertido en un país de beodos, en los años 1965-85, y todo lo que ha venido después es mera evolución a peor de lo entonces estatuido.

 

El texto que sigue evita las simplificaciones y trata el problema en toda su colosal complejidad, sin dejarse llevar a concepciones bobamente optimistas, tan del gusto de cierto “radicalismo” que cree que cualquier mal tiene remedio, dado que nos espera un final feliz y radiante allá en la culminación de la historia. Pero quizá la desintegración en desarrollo de la sociedad actual por causa, entre otras, del alcohol y las drogas, las “ilegales” tanto como las legales (en primer lugar los psicofármacos con los que la sanidad “pública” atiborra a su desventurado público, en particular a las mujeres), no tenga ya solución, de manera que éste es una asunto en que el único enfoque realista es la lucha sin final, el esfuerzo permanente, la dedicación ilimitada.

 

La verdad es siempre muy enmarañada, además de dura y terrible, y ha de referirse a diversos factores, con exclusión del monismo y el simplismo. Por tanto, junto a  las causas políticas  y sociales de las toxicomanías están las existenciales y las que afectan a la construcción por sí mismo del sujeto en tanto que ser humano. Para tratarlas como conjunto interrelacionado, una revolución política es tan necesaria e imprescindible como insuficiente y limitada, de modo que estamos obligados a pensar con un grado de complejidad muy elevada, negándonos a nosotros mismos el consuelo del optimismo, que no es más, en general, que un narcótico intelectual.

 

Finalmente debo agradecer a las amigas y amigos del movimiento Straight Edge el cariño y comprensión con  las que han acogido mis modestas aportaciones, así como que me hayan proporcionado una oportunidad de exponer ideas, emociones e incluso pequeñas vivencias que desde hace mucho tiempo deseaba compartir. Félix Rodrigo Mora.

 

 


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